
Hoy confirmé que me voy de esta ciudad que es como mía -- aunque, claro, nunca será de nadie.
Como andaba por el campus de Columbia, volví a los viejos hábitos de hace cinco años, cuando recién llegaba. Fue una despedida privada. Más bien, el comienzo de una larga despedida que durará dos meses y medio.
Me compré un sanguche en la cafetería estudiantil, con pickle y todo. En esa cafetería fue donde empecé a comer pickles -- toda la vida me habían dado como impresión. Pero esta vez también tenía salsa de chipotle, un agregado mucho más reciente a mi vida y que tengo entendido estaré degustando mucho más seguido.
Jugo de naranja en mano, me senté en los bancos de piedra delante de la Escuela de Periodismo "fundada por Joseph Pulitzer". El sol brillaba igual que hace cinco años, cuando yo no tenía las arrugas que tiene mi viejo al costado de los ojos, cuando todo era un sueño: los edificios majestuosos de la universidad, los profesores prestigiosos, la biblioteca con nombres de filósofos y escritores clásicos esculpidos en la fachada. Cuando me saqué esta foto, antes del primer invierno, de la primera nieve, del primer Thanksgiving.
Ya pasaron cinco inviernos. El sexto, tal parece, no me va a alcanzar.
La gente entraba a la escuela apurada y me di cuenta de que ahí en esa vereda fue que aprendí a caminar apurado con un café en la mano. Antes no tomaba café ambulante; en Argentina un café, "un cafecito", es la antítesis del movimiento y del apuro.
Mi almuerzo consistió de sanguche y reflexiones.
Me senté de frente a la escuela y varias veces me detuve a mirar las letras enormes talladas allá arriba, donde terminan las columnas, pero debajo del friso con leones, los Columbia Lions. Las letras dicen JOURNALISM, ¿qué más?
Después pasé por la bookstore y me compré una remera con el nombre de la universidad en el pecho. Es sólo la segunda que me compro. Cuando se lo conté a un ex compañero de la escuela, me dijo: "Ahora vas a empezar a mirar todo con ojos de memorabilia". Con ojos de Recuerdo de, de souvenir.
De eso no hay dudas, pero necesitaría comprarme remeras de tantas cosas. Del Star-Ledger, de Viva New York, de Hora Hispana, de editores macanudos, de profesores inolvidables, de entrevistados que también me enseñaron cosas, del Bronx, de Washington Heights, de New Jersey, de Long Island, del Brooklyn mexicano, del Queens colombiano, de la línea 1, la línea A, la línea F, el tren 7, los inmigrantes de todos lados, las madres de soldados muertos, las jornaleras pasando frío, los activistas de mil causas, mis amigos de Perú, República Dominicana, Buffalo, Chile, Montauk, México, Ecuador, Israel, Argentina.
Cinco años no entran en una remera, ni en una taza, ni en una Estatua de la Libertad de plástico.
Desde aquí hasta enero, la música que sonará en mi cabeza cada vez que piense en todo esto va a ser la voz de cierto nativo de New Jersey, cantando eso que cantó tantas veces:
"Start spreading the news, I'm leaving today, I'm gonna be a part of it..."
Él venía. Yo me voy. Pero igual seguiré siendo parte de ella.
Y me voy con la satisfacción de saber que...
If you can,
make it here,
you'll make it,
anywhere...
It's up to you,
New York, New York...